
Para el urbanista, los cambios son ajustes con la historia. Así, la escultura ecuestre del rey Carlos IV, El Caballito, tuvo que salir del Zócalo cuando en México aún se pensaba en "matar gachupines".
Legorreta pondera el valor artístico de la obra realizada por Manuel Tolsá, en su argumento de llevarla a un museo "adecuado para conservar su majestuosidad estética".
En cuanto a los Indios Verdes, se ampara en la revaloración de lo indígena. Recuerda que el par de esculturas fueron expulsadas del Paseo de la Reforma a principios del porfiriato cuando "lo indígena fue borrado del espacio público".
Su intención es "revalorar, rediscutir, repensar nuestra historia asociada a los espacios públicos". Pero afirma que la época en la que un gobernante decidía el uso de los espacios públicos terminó, y debe ser una comisión integrada por arquitectos, urbanistas, historiadores, la que determine la viabilidad de los proyectos.
"Tienen que ser hechos políticos, de reflexión colectiva, no puede ser ya una ciudad hecha, pensada y diseñada por un gobernante."
Los mausoleos
Entre los proyectos que sí realizó la actual administración de la Delegación Cuauhtémoc, se cuenta la apertura de los mausoleos del Monumento a la Revolución y de la Columna de la Independencia.
El sitio donde reposan los restos de los insurgentes fue reabierto al público en 1998, tras 24 años de haber estado cerrado. La arquitecta Raquel Dávila, cronista del monumento, recuerda que se cerró porque hubo un suicidio desde el mirador.
Legorreta decidió abrir la parte baja, donde están los nichos de los héroes, que más que agradecer las coronas y laureles de flores que gobernantes, políticos y visitantes distinguidos dejan, reclaman a gritos la caricia del plumero.
Las estadísticas dicen que los suicidios aumentan en época de crisis. Verdad o mentira, el mirador permanece sin acceso al público. Dávila considera que las características propias de la Columna no se prestan para la visita multitudinaria: en el mirador cabe un máximo de 12 personas y en la escalera de caracol sólo una, así que ni organizando a la gente en grupos habría posibilidades de visitas.
Durante el período en el que estuvo cerrado el monumento dejó de funcionar también la lámpara votiva ubicada del lado sur. Ahora mantiene viva su llama que "representa la chispa eterna de la libertad".
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